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V CENTENARIO DE SANTA TERESA DE JESÚS

SANTA TERESA DE JESÚS

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda.

La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta: Sólo Dios vasta.

Eleva el pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe.

A Jesucristo sigue con pecho grande, y venga lo que venga, nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?, es gloria vana; Nada tiene de estable, todo se pasa.

Aspira a lo celeste, que siempre dura; Fiel y rico en promesas, Dios no se muda.

Ámala cual merece bondad inmensa; Pero no hay amor fino sin la paciencia.

Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza.

Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos, cruces, desgracias; Siendo Dios su tesoro, nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo; Id, dichas vanas; aunque todo lo pierda, sólo Dios vasta.

 

Ella descubre con asombro al Dios interior:

Que Dios está en ella no por una especie de sucedáneo sino que Él mismo está implicado en la vida de ella. Lo cuenta con asombro, como un hecho incisivo, acaecido en su propia historia de salvación: "Acaecióme a mi una ignorancia al principio, que no sabía que estaba Dios [mismo] en todas las cosas"... hasta que se le da a entender de forma irrecusable el hecho de su presencia y "cómo se comunicaba con nosotros, que me consoló harto"  (V. 18,15). Dios y el alma, como la esponja y el agua: "como cuando en una esponja se incorpora y embebe el agua, así me parecía mi alma se henchía de aquella divinidad" (Rel. 18,1; y 40).

Para Teresa, Jesús es el "Libro vivo", el maestro interior, la palabra de Dios, el Señor, el modelo de vida (dechado", dirá ella en su léxico femenino), Jesús esla verdad", la hermosura ("Oh hermosura que excedéis..." / "De ver a Cristo, me quedó imprimida su grandísima hermosura"); es el "Yo soy" evangélico que disipa los miedos y da seguridad definitiva; es el agua viva o la fuente misma de agua viva; es el Cristo del amor, el esposo, el amigo, "amigo verdadero que nunca falla.

En la vida religiosa, Teresa es apóstol de la alegría. No quiere santos encapotados. Ni siquiera en los momentos de oración (Cf. M 5,3,11). 

Hecho excepcional de "Teresa misma ante la cultura": una mujer como ella, situada culturalmente en zona marginal, agobiada de trabajo, siempre a corto de tiempo por enferma y por los largos espacios de oración, es capaz de escribir todo un lote de libros, todos en su periodo de fundadora. Vasta una sumarísima estadística de las páginas escritas de su mano que han llegado hasta nosotros: sin contar sus cartas, poseemos todavía hoy más de 1500 páginas autógrafas suyas. Para una mujer del siglo XVI, todo un record.

La parábola evangélica del árbol y los frutos: 

Que el árbol sea bueno, no depende del muro de cerca ni del follaje verdeante que lo adorna, aunque la cerca lo defienda de depredadores, y el follaje lo tiene de frescor y belleza. El árbol es bueno por las raíces sanas que le transmiten la savia de la vida, y por los frutos que ofrece al hortelano.