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OCTAVAS JORNADAS ESPÍRITAS DEL MEDITERRANEO

REFLEXIONES SOBRE LOS VALORES

Cuando analizamos con detenimiento, libre de toda etiqueta, el significado de este enunciado, consideramos que hacen referencia a todas aquellas cuestiones o situaciones que conducen al ser humano a mantener y acrecentar con su actitud su dignidad como persona, según las reglas que comúnmente son aceptadas por todos aquellos que se rigen por su conciencia. Su observancia, le conducirá sin demora hacia un mejoramiento en cuanto a su acción y pensamiento en relación a su convivencia con los demás seres de su especie; todo ello encaminado a la regla universal de que no hagamos aquello que no nos gustaría que nos hiciesen a nosotros.

Estos valores tienen un contenido basado en decir siempre la verdad, respetando los derechos de nuestro prójimo y tratando de no perjudicarles en lo legítimo. Nuestra actitud ha de estar, según nos dicte nuestra conciencia, direccionada por el libre albedrío que todos, y cada uno de los seres que poblamos la tierra, nos hacemos responsables de nuestros actos, pues debe ser el reflejo de nuestra voluntad, siempre que no sea impuesta por nadie que modifique nuestro deseo de obrar.

Al estar conviviendo en medio de una sociedad organizada, existen forzosamente unas reglas de convivencia, debiendo guardarnos mutuamente un respeto  a las ideas de cada uno, sean religiosas, políticas, administrativas o de cualquier otra especie, y como debemos tener conciencia de nuestras imperfecciones, nuestro sentimiento más arraigado ha de ser el de la tolerancia con los demás, pues no podremos exigir a nuestros semejantes unas características de las cuales, a veces, también nosotros carecemos.

 La lealtad para con nuestros compañeros de existencia, sea en el trabajo, vecindad o círculos sociales, es también otro de los aspectos que debemos tener en cuenta, pues su carencia genera desarmonía en nuestro entorno, desestabilizando la convivencia tan necesaria en un conjunto social cada día más numeroso; también, como no, en nuestro círculo familiar, con nuestros padres, hijos, hermanos, abuelos, dándoles a cada uno el respeto y consideración que se merecen, según su rango dentro de la jerarquía familiar.

El conocimiento de estas reglas es imprescindible tenerlas, pero el cumplimiento de las mismas por medio del ejemplo, es una norma que se debe mantener, pues nos enaltece ante los demás, porque debemos ser verídicos en el mantenimiento de nuestros ideales, y cuanto mayor es el rango que se ostente, sea dentro del ámbito familiar, político o social, mayor es la responsabilidad que se adquiere, debido al daño que se realiza sobre los de menor nivel.

Los valores morales que con mayor intensidad transcienden y enaltecen a la persona, son principalmente, y dentro de la familia, el amor, en la sociedad, la gratitud, tolerancia, respeto y amistad, en lo político la honestidad, en lo laboral la responsabilidad y el compañerismo, y si disponemos de estas actitudes en cada ámbito, está demostrado que estos valores nos proporcionarán unas sensaciones de mejor relación con los demás y también felicidad y bienestar para nosotros. Pero la moral sin la ética quedaría incompleta, ya que la una va aparejada con la otra. La ética es una palabra derivada del vocablo griego “ethikos” que significa costumbre o hábito, y es la parte de la filosofía que trata principalmente de las obligaciones del hombre, a diferencia de la moral que trata del conjunto de reglas que deben seguirse para hacer el bien y evitar el mal.

Por esta razón, los asuntos cívicos son todos aquellos que se refieren a las relaciones entre ciudadanos, las cuales solo pueden ser buenas y cordiales si se basan en un patrón ético. Los valores éticos incluyen tanto a los morales como a los cívicos. A lo largo de la historia de la humanidad, estos valores han ido cambiando constantemente, pues cada cultura ha tenido sus propios conceptos sobre el bien y el mal.

Si hoy nos horrorizamos al ver sacrificar a un ser humano y lo consideramos como un acto criminal, en la cultura azteca era considerado como un acto de hacer un bien. También, en nuestra sociedad un hombre comete un grave delito si tiene más de una esposa a la vez, y sin embargo, en algunas épocas y regiones del mundo la poligamia era bien vista, pero por encima de todo esto existen una serie de valores éticos considerados universales, porque han sido considerados por todos en todo tiempo y lugar, y por ello se ha considerado que todo aquello que ocasione un perjuicio a otro será considerado como inmoral, excepto si no ha sido deliberadamente.

También en las religiones ocurre algo parecido, pues cada una de ellas tiene su propio código moral, según sus creencias. Los padres educan a sus hijos llevados por su propio punto de vista. Los maestros en las escuelas, continúan y amplían las enseñanzas de los padres, siguiendo el patrón que les marcan las leyes vigentes. Los médicos también tienen su propio código gerontológico dirigido a sus pacientes. Los medios de difusión, aun considerando las libertades legales a la información que les conceden las leyes de cada país, tienen sus límites, aunque en muchas ocasiones se exceden deformando la información llevados por intereses de diversa índole. Los gobernantes y políticos en general que promulgan leyes, las acomodan a su conveniencia, considerando que todo aquello que es legal, es a su vez de obligado cumplimiento, aunque en ocasiones vulneren reglas que visto desde la óptica ciudadana no sean un ejemplo de moralidad.

Todas estas reglas antes enunciadas, llevan aparejadas una sanción cuando son incumplidas, pues unas veces son de orden administrativo, penal o de rechazo social, y por esta razón los malos ciudadanos se retienen de realizarlas; sin embargo hay que resaltar que el verdadero cumplidor de las reglas ético-morales es  aquel que obra por un sentimiento de conciencia, porque considera en justicia cumplirlas con exactitud. Cuando este cumplimiento se generaliza y se extiende más allá de lo personal, influye poderosamente en la calidad de la sociedad, de lo colectivo, lo que proporciona una disminución notoria en el nivel de delincuencia, ocasionando una mejor convivencia y estado de bienestar social.

Los factores que pueden ser de gran ayuda para conseguir tener una actitud adecuada pueden ser, el autodominio que nos lleva a desarrollar la capacidad de controlar nuestros propios impulsos, lo cual nos beneficia a nosotros en primer lugar y  también a los demás cuando éstos son agresivos o negativos; la autonomía, es la que nos hará valernos por sí mismo si tenemos nuestro propio criterio de las cosas, y no teniendo que depender de la de los demás, lo que redundará en mayor capacidad para defender nuestra libertad. La solidaridad es también muy necesaria desarrollarla, pues en situaciones de crisis en las que el grado de afectación social será variable, nos llevará a situaciones que se hará necesario la ayuda mutua, y tener que practicar el sentido de la colaboración en todo aquello que sea de orden social, sin considerar el beneficio personal que ello nos pueda proporcionar; esto genera un grado de empatía que es la capacidad de comprender los sentimientos y pensamientos ajenos o la situación por la que pasan otras personas, cualquiera que sea su color, raza o religión. Hasta ahora hemos hecho nuestro planteamiento desde una óptica estrictamente laica, pero en adelante, siguiendo nuestra ideología, lo haremos también desde la visión espírita.

Según esta, nos lleva indefectiblemente también hacia un mejoramiento en nuestra actitud para con los demás, haciéndonos mejores practicantes de estos valores, que al convertirse en habituales y no forzados, se convierten en virtudes que conforman nuestra personalidad y nos llevan a intentar escalar mayores logros posteriormente, para que paulatinamente nos vayan acercando a lo que consideramos alcanzar la plenitud de nuestras capacidades, lo cual es nuestra razón de ser en esta existencia.

En referencia al cumplimento de estas normas anteriormente enunciadas, no deberemos tener por finalidad una mejor convivencia entre nuestros conciudadanos, pensando que ello redundará en beneficios materiales; desde el pensamiento espírita, contemplamos también que nos ha de ocasionar un grado de mejoramiento de  nuestro espíritu, pues se basa en la Ley Divina o Natural, y por ello perfecta, eterna e inmutable como el mismo Dios, base de todas las demás leyes; las que rigen lo físico se refieren a la materia, nuestra salud, alimentación y forma de vivir, puesto que el cuerpo físico es el sustento o base de nuestro espíritu o alma sin menoscabar su importancia, las cuales deben estar armonizadas con la ciencia bien entendida, y las que se refieren a lo espiritual afecta a nuestro grado de evolución, y ellas lo deben estar en armonía con nuestra conciencia, que es nuestra mejor guía, pues su incumplimiento nos degrada y nos hace sentirnos desgraciados. Los dos aspectos deben ir juntos y en concordancia, sin considerar que la una sea menos que la otra.

En los textos kardecianos se nos dice que Dios nos ha dado los medios para conocer esta ley tan importante, pero no todos la comprenden; esto solo le es factible a los hombres de bien o a quienes la procuran, y por esta razón tenemos la obligación de intentar buscarla, pues el esfuerzo a realizar en su búsqueda es lo que nos ha de dignificar realmente. Esto está relacionado directamente con el grado de adelanto que cada uno haya alcanzado, pues indudablemente esto no se podrá conseguir en una sola existencia, ya que va aparejado a nuestro grado de evolución, pero de una forma progresiva se ha de conseguir, según se vayan sucediendo nuestras sucesivas existencias, y así se conseguirá al estar grabada en la conciencia de cada ser humano.

Sin embargo, con alguna frecuencia, estas sensaciones internas son olvidadas por los humanos, pero para corregir estos olvidos, algunos espíritus superiores reencarnan en nuestro mundo con la misión de darnos su ejemplo, que es la mejor manera de difundir una determinada doctrina

Tenemos que tener muy presente que a medida que vamos aumentando nuestros conocimientos sobre esta ley, también somos más responsables ante su incumplimiento, y quienes la   transgredan fingiendo decirse cumplidores de la ley y la moral, pero obrando de forma contraria llevados por sus intereses particulares, sufrirán con toda seguridad las consecuencias, según nos enseña la Doctrina espírita; conocer esto no nos debe hacer retroceder ni atemorizarnos ante tal responsabilidad adquirida, sino que debemos aceptarlo como un reflejo de nuestra evolución, ya que si en todo el universo no hay nada que permanezca estático, tampoco los seres que habitamos este mundo podemos ser una excepción.

Sigamos, pues, con resolución en esta dirección, convencidos de estar acertados con estos criterios y seguros también de que finalmente habremos de cosechar los frutos de nuestros esfuerzos.

Por vuestra atención, muchas gracias.

Jose Lanzuela

  Marzo 2018